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Mostrando entradas de 2013

El hombre de Platón

A veces del pasado sólo nos quedan anécdotas remotas. Ejemplo de eso es Diógenes, el primero, el de Sinope, conocido como el Cínico o el Perro, de quien dicen que habiéndose enterado de que Platón definía al hombre como un “bípedo implume”, tomó un gallo y desplumándolo lo introdujo en la Academia mientras anunciaba: ¡Aquí está el hombre de Platón! La tradición filosófica ha interpretado de una y mil maneras las anécdotas apócrifas de Diógenes. Han dicho por ejemplo que a raíz de la burla, Platón decidió ampliar su definición de hombre a “bípedo implume de uña ancha”. Ya no importa si la anécdota ocurrió, el hecho nos mostraría una antigua preocupación, natural en cualquier pensador: la de ampliar las definiciones para hacerlas caber a la fuerza en la realidad, y no al revés. Lo que vemos en la foto es un bípedo con unas pocas plumas que sobrevivió a la arremetida de otro bípedo semejante. Poner a pelear a estos dos emplumados hasta la muerte de uno d...

Black-Headed Gull

         Photograph by Christopher Hoyle, England * Lo que hace bello el lunar que admiramos en la chica del autobús es el detalle asimétrico que otorga a su rostro. El punto la identifica en nuestra memoria, la chica del lunar . La simetría, entonces, no es condición para la belleza. Si hiciéramos el ejercicio de partir por la mitad la foto de esta gaviota y ponerla frente a un espejo no lograríamos el efecto de una criatura que vuela con alas extendidas hacia un lente, conseguiríamos un ave platónica, irreal. Nótese que una parte de las plumas de su ala derecha están sobre las plumas de la cola, nótese su cuerpo de algodón, sus ojos, su cabeza negra, sus patas asimétricas del color de la sangre. Puede decirse que el aleteo está suspendido en un instante asimétrico, puede decirse que lejos de lo que opinaban ciertos pensadores medievales, cierta asimetría es condición para la belleza. Y también, esta gaviota, a pesar de no serlo, es un ave plató...

Dos escritores

Más allá de la posibilidad de adquirir libros, asisto a la feria del libro de Bogotá con la expectativa de escuchar a algunos escritores hablando sobre sus obras, o dando su opinión sobre el estado de cosas del mundo. Es un ejercicio extraño aunque productivo, diríase que para eso están sus obras, pero a veces una conversación ajena ahorra varias horas de lectura. Hasta este momento he escuchado a Juan José Millás y a Fernando Savater. En el primer caso, escuchar a Juan José Millás da la impresión de estar ante alguien muy extraño, que está a punto de perder la cordura, o que tal vez ya la perdió pero consigue disimularlo bien. Cuando le dan el micrófono, Millás se extiende en divagaciones, como lo hace en sus articuentos, y emite quejas sobre el estado surreal de las cosas en el mundo. Sin embargo, tengo la impresión de que protege bien sus secretos de escritor, y que lo hace a propósito. Cuando le preguntan qué está leyendo o a quién recomienda, dice que ya no lee, que...